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Humor negro: por qué nos gustan los villanos encantadores

De Roald Dahl al humor negro de Hollywood: el extraño encanto de las personas que parecen incapaces de hacer daño.

Dos ancianas encantadoras viven en una hermosa casa de Brooklyn. Son amables, generosas y siempre están dispuestas a ayudar a quien lo necesita. Especialmente a los hombres solitarios que no tienen dónde pasar la noche.

Los invitan a su casa, les ofrecen una copa de vino y, después de conversar un rato, los envenenan.

Y están convencidas de que hacen una obra de caridad.

La historia pertenece a Arsénico y encaje antiguo, la comedia negra que Frank Capra llevó al cine en 1944, con Cary Grant como protagonista.

La película es divertidísima. Y sin embargo, estamos riéndonos de dos asesinas seriales que matan personas indefensas.

¿Por qué nos resultan tan simpáticas?

Cuando el asesino parece una buena persona

En septiembre de 1953, Roald Dahl publicó Cordero para el matadero —Lamb to the Slaughter— en Harper’s Magazine.

Mary Maloney es una esposa ejemplar. Está embarazada, cuida de su marido y disfruta preparándole la cena. Hasta que una noche su marido le da una noticia y su apacible vida doméstica toma un rumbo inesperado.

Dahl consigue algo difícil: mientras avanzamos en la lectura, nuestra simpatía por Mary se mantiene incluso cuando sus acciones empiezan a resultar difíciles de justificar.

Dahl nos presentó a una mujer tan convencional que nos cuesta aceptar que pueda ser capaz de ciertas cosas.

Edward Thorndike le había puesto nombre a esa trampa en 1920, al describir un error recurrente en la evaluación de otras personas: dejar que una impresión general contamine el juicio sobre cualidades distintas. Más tarde se popularizaría como efecto halo.

Si una persona nos parece amable, podemos asumir que también es honesta. Si es generosa, probablemente sea confiable.

LA NOVELA«Si uno acomoda bien las cosas, las personas terminan acomodándose solas.»Ver Traición perfecta →

La literatura y el cine explotan esa debilidad.

Nos presentan personajes agradables, nos permiten entrar en sus vidas y consiguen que bajemos la guardia. Cuando descubrimos algo inquietante, ya les tomamos cariño.

La seducción de las apariencias

Los modales de alguien cambian lo que creemos de sus intenciones.

La seducción funciona muchas veces de esa manera. No solo nos atrae un cuerpo: nos atrae cómo alguien nos habla, nos presta atención o consigue hacernos sentir especiales.

La amabilidad puede despertar confianza. Y la confianza nos vuelve vulnerables.

Por eso, en la ficción, un personaje encantador puede resultar mucho más inquietante que un villano que anuncia sus intenciones desde la primera escena.

Es perturbador descubrir que una persona capaz de ofrecernos ternura también puede esconder una faceta que jamás imaginamos.

Y el humor negro suma algo más: nos permite reírnos de esa contradicción.

Detrás de Traición perfecta

Esta nouvelle es mi experimento con esa trampa. Cuando las verdades se dicen a medias es a los personajes más entrañables a los que les permitimos los actos más aberrantes.

En Traición perfecta, las apariencias lo son casi todo. Y me divierte ver cómo nuestras simpatías condicionan la manera en que interpretamos lo que hacen los demás.

Traición perfecta es un thriller psicológico con erotismo y humor negro donde conviene desconfiar de las primeras impresiones.

Karina Fernandez

Para saber más

La historia detrás de este artículo
Tapa de Traición perfecta, de Karina Fernandez
Traición perfecta Thriller erótico «Si uno acomoda bien las cosas, las personas terminan acomodándose solas.»
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