Brujas en el cine: seducción, miedo y poder
¿Por qué las brujas del cine ya no necesitan ser feas?
Una parte del cine clásico convirtió a sus brujas más famosas en figuras fáciles de reconocer: viejas, huesudas, chillonas, a veces de piel verde.
La Bruja del Oeste en El mago de Oz o la reina transformada en anciana en Blancanieves pertenecen a ese mundo: la fealdad moral convertida en rostro. El espectador no tiene conflicto. Rechaza lo que ve.
Pero una parte del terror contemporáneo entendió algo más incómodo: el verdadero miedo aparece cuando lo peligroso no da asco. Cuando atrae.
Ahí nace la bruja seductora.
Ya no necesita una casa de azúcar para engañarnos. Le alcanza con la belleza, la calma, una promesa de libertad. El bosque sigue estando ahí, pero la trampa cambia de forma. Antes ofrecía alimento. Ahora ofrece deseo.
Esa transformación produce un cortocircuito: el cuerpo recibe dos órdenes opuestas, huir y mirar.
El terror psicológico vive de esa tensión.
Es lo que Freud llamaba lo ominoso, eso que es conocido y extraño a la vez: una casa que empieza a respirar como una amenaza, una belleza que abre una puerta aunque sepamos que detrás hay algo que puede devorarnos.
LA NOVELA«La tierra tiene sed… pero una vez que se sacia, devuelve el ciento por uno.»Ver Macho cabrío →
En The Witch, de Robert Eggers, Thomasin vive entre la amenaza de lo sobrenatural y las reglas opresivas de su comunidad. Yo leo el desenlace como una promesa ambigua de poder, desobediencia y pertenencia.
Ahí vuelve la figura antigua, la que no espera permiso para ocupar la noche.
El cine actual no embellece a la bruja para suavizarla. La vuelve más peligrosa.
Porque cuando el monstruo se parece a una fantasía, ya no alcanza con cerrar los ojos.
Hay que preguntarse por qué seguimos mirando.
Detrás de Macho cabrío
Esa mezcla entre seducción y amenaza fue una de las ideas que me impulsaron a escribir Macho cabrío.
Quería recuperar el espíritu de los antiguos relatos de terror rural, donde el bosque, las creencias religiosas y las supersticiones forman parte de un universo en el que lo sobrenatural parece perfectamente posible.
Y quería que el mal se pareciera a la bruja seductora: una promesa capaz de despertar los deseos más ocultos.
En Macho cabrío, el fanatismo y lo que habita en la oscuridad del bosque seducen antes de mostrar los dientes.
Karina Fernandez