Brujas y escobas: símbolos del poder femenino
La bruja me fascina.
No la bruja simpática de Halloween ni la caricatura con verruga y sombrero torcido. Me interesa la otra. La que aparece en los cuentos antiguos cargada de belleza, celos y veneno.
En muchas historias populares, la madre —y después la madrastra— ocupaba ese lugar oscuro. Quien debía alimentar aparecía convertida en su reverso: la que castiga, la que sabe demasiado, la que seduce. Y, llegado el caso, la que puede destruir.
Sospecho que la bruja permitía mirar esa contradicción sin nombrarla de frente.
Y no viene sola. Trae cocina, caldero, hierbas, bosque, fuego. Todo lo doméstico se vuelve amenazante. Todo lo femenino se vuelve ambiguo.
Pensemos, por ejemplo, en la escoba.
Un objeto de la casa. Una herramienta humilde, hecha para barrer el piso. Pero puesta entre las piernas de una bruja cambia de significado. Deja de servir a la casa y se convierte en instrumento de poder.
La imagen es demasiado fuerte como para ser inocente: una mujer montada sobre un objeto fálico, penetrando la oscuridad del cielo nocturno.
Ese palo entre las piernas de una mujer vuelve la imagen inquietante: la misma que cuida es la que amenaza, y la que alimenta es la que envenena, la que educa es la que somete.
No me extrañaría que algo de esa imagen sobreviva en ciertas fantasías de dominación femenina. Sin solemnidad: una mujer que mira desde arriba, ordena, concede o retira su favor.
Tal vez su carga erótica venga de algo primario: el deseo de volver, por un instante, a una escena donde alguien tenía el control absoluto. Madre oscura, mujer fálica, señora del castigo: la bruja condensa esa mezcla.
La bruja vuela porque no acepta quedarse en el lugar que otros le asignaron.
No camina. No pide permiso. No va acompañada. Vuela.
Y en ese vuelo viajan juntos el miedo masculino, la fantasía de ser dominado, el terror a la mujer que sabe y el deseo secreto de entregarse a una fuerza más grande y prohibida.
Quizás por eso la bruja nunca desaparece.
Cada época le cambia la ropa.
Pero sigue montada sobre el mismo poder.