El arte de amar de Ovidio: seducción en la antigua Roma
Me divierte pensar en Ovidio como una especie de consultor sentimental de la Roma antigua.
Un poeta brillante y peligroso que escribía consejos para seducir en banquetes, teatros, paseos y encuentros sociales. Su Arte de amar tenía algo de manual, algo de juego y algo de provocación política.
Como buen consultor, Ovidio trata la seducción como una estrategia: enseña dónde mirar, cuándo acercarse, qué escribir. Convierte el deseo en técnica social.
Eso, para su época, era dinamita.
Roma podía tolerar muchas hipocresías privadas. Pero Ovidio cometió una imprudencia mayor. Volvió elegante y enseñable aquello que debía permanecer bajo el mantel.
En Roma, como en cualquier parte, el deseo circulaba por pasillos, cartas y favores. Lo raro era que alguien se animara a escribir el manual.
Ovidio puso palabras donde convenía dejar insinuaciones y, de paso, convirtió el juego en literatura.
Leerlo todavía incomoda: deja a la vista la distancia entre lo que una sociedad dice que valora y lo que practica después de la cena.
Y pocas cosas molestan tanto como alguien que aprende a decir lo oculto con belleza.