Tacones y seducción: postura, gesto y representación
Los tacones me interesan menos como objeto de moda que como artefacto de transformación.
Un taco cambia la forma de caminar.
Una mujer con tacos no ocupa el mundo del mismo modo que una mujer en zapatillas. Puede que le duelan, puede que los odie un poco, pero algo pasa: la espalda se arquea y la cadera cambia de ritmo.
El zapato como coreografía.
Un par de tacos no vuelve irresistible a nadie. Pero ciertos objetos empujan la percepción.
La forma de sentarse, de caminar, el color de un vestido: señales, a veces conscientes, a veces no.
El taco da altura y presencia y, al mismo tiempo, deja a quien lo usa a un paso en falso de la caída.
Tal vez por eso resulta tan magnético: por lo que obliga al cuerpo a decir.
A veces el deseo empieza ahí: en la manera en que alguien entra a una habitación.