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Vampiros y erotismo: de Carmilla a El ansia

De Carmilla a El ansia: la extraña fascinación por criaturas que confunden el deseo con la necesidad de devorar.

En 1983, Catherine Deneuve y Susan Sarandon protagonizaron una de las escenas más sensuales del cine de vampiros.

Ocurre en El ansia, la película de Tony Scott. Miriam, una vampira de siglos de antigüedad, recibe en su casa a Sarah, una joven investigadora. Lo que comienza con una copa de jerez termina en la cama.

Pero hay un detalle inquietante: Miriam no solamente desea a Sarah. También necesita su sangre.

¿Por qué encontramos tan excitantes a criaturas que podrían matarnos mientras nos besan?

Cuando el beso y la mordida se confunden

Carmilla, de Sheridan Le Fanu, apareció por entregas entre 1871 y 1872, antes de que Bram Stoker publicara Drácula en 1897. Es la historia de una misteriosa mujer que establece con Laura un vínculo cargado de deseo y temor.

Carmilla la abraza, la acaricia, le susurra palabras de amor y busca constantemente el contacto físico. Laura experimenta una mezcla desconcertante de atracción, placer y temor.

Leída con ojos victorianos, aquella historia reunía dos transgresiones: una mujer que manifestaba abiertamente su deseo por otra y una criatura que convertía ese deseo en una amenaza mortal.

El vampiro utiliza prácticamente los mismos recursos que un amante.

Se aproxima despacio. Acaricia. Besa el cuello.

Hasta que los labios se convierten en colmillos.

El placer de ser devorado

Cuando nos enamoramos, solemos utilizar expresiones bastante curiosas.

LA NOVELA«Ella se pierde mirando la lumbre; yo no puedo apartar la vista del latido en su cuello.»Ver Valerie →

Decimos que queremos comernos a besos a alguien, que una persona nos consume o que nos morimos por estar con ella.

El vampiro lleva esas expresiones hasta sus últimas consecuencias.

No le alcanza con besar, acariciar o hacer el amor. Necesita incorporar algo del cuerpo de su amante para seguir existiendo.

Cuanto más desea acercarse a alguien, más cerca está de destruirlo.

En la vida real, amar también implica aprender a convivir con nuestros impulsos y reconocer los límites de la otra persona. El vampiro transforma ese conflicto cotidiano en una lucha entre el hambre y el afecto.

Detrás de Valerie

Con Valerie quise poner esa lucha en el cuerpo de una mujer: alguien que descubre que su supervivencia depende del cuerpo de otras personas, pero que conserva la capacidad de enamorarse, sentir ternura y desear algo más que alimentarse.

Para Valerie, el sexo y la sangre están unidos de una manera mucho más literal de lo que solemos imaginar.

¿Qué se hace con el amor cuando la persona amada es, también, la tentación de perder el control?

Lo más inquietante de los vampiros nunca fue su capacidad de matar. Es que pueden amar con la misma intensidad con la que desean devorar.

Valerie es una novela de erotismo gótico donde el hambre, el placer y el amor conviven peligrosamente cerca.

Karina Fernandez

Para saber más

La historia detrás de este artículo
Tapa de Valerie, de Karina Fernandez
Valerie Fantasía vampírica «Ella se pierde mirando la lumbre; yo no puedo apartar la vista del latido en su cuello.»
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