Comida y erotismo: el deseo en Nueve semanas y media
De Freud a Nueve semanas y media: la extraña conexión entre la comida, el deseo y los primeros placeres de nuestra vida.
Una mujer está sentada frente a una heladera abierta. Tiene los ojos cerrados y espera, con la boca entreabierta, que su amante decida qué darle de comer. Es una escena de Nueve semanas y media, el film de Adrian Lyne estrenado en 1986 con Kim Basinger y Mickey Rourke.
¿Por qué una frutilla, un poco de miel o una cucharada de crema pueden transformarse en instrumentos de seducción? ¿Qué tiene la comida que despierta asociaciones tan intensas con el sexo?
Freud y el primer placer de nuestra vida
Freud ya había mirado la boca con sospecha. En Tres ensayos de teoría sexual, de 1905, distinguió entre alimentarse y el placer que la succión puede producir por sí misma.
Freud observó que los bebés no solamente succionaban para alimentarse. También lo hacían cuando ya no tenían hambre, como ocurre al chuparse el pulgar.
Para Freud, la boca descubría ahí un placer propio: es una de nuestras primeras zonas erógenas.
Tantos años después, la boca sigue ocupando un lugar central en nuestra vida erótica.
En 2013, Sescousse y sus colegas reunieron en un metaanálisis 87 estudios de neuroimagen sobre las recompensas. La comida, el dinero y el erotismo mostraban redes cerebrales en parte compartidas, aunque con diferencias importantes.
LA NOVELA«Si uno acomoda bien las cosas, las personas terminan acomodándose solas.»Ver Traición perfecta →
Freud miraba la boca del bebé; la neurociencia mira el cerebro adulto. Entre una y otro queda la escena de la heladera, donde una frutilla y un beso empiezan a parecerse demasiado.
Detrás de Traición perfecta
Comer algo preparado por otra persona supone una forma particular de confianza: abrir la boca a lo que otro amasó, endulzó y eligió por nosotros. Y la cocina también puede ser un placer que no se comparte con nadie.
Rose, la protagonista de Traición perfecta, encuentra en la cocina mucho más que una actividad doméstica.
Le encanta preparar pasteles y ofrecer sus creaciones a los compañeros de oficina. Cocinar es su manera de demostrar afecto y sentirse apreciada. Pero cuando está sola, esa relación con los alimentos adquiere una dimensión muy diferente.
Me gustaba la idea de que la misma mesada donde amasa los pasteles para la oficina fuera también, cuando está sola, el lugar donde Rose se permite sus deseos más privados y retorcidos.
Tal vez comida y erotismo compartan algo más hondo que el placer: los dos nos devuelven sensaciones que estaban en nuestra historia mucho antes de que supiéramos explicarlas.
Traición perfecta es un thriller psicológico con erotismo y humor negro donde los sentimientos, las apariencias y la repostería forman una combinación bastante peligrosa.
Karina Fernandez