Inmortalidad en la literatura: Borges y la pérdida del placer
Borges, la psicología del deseo y la inquietante posibilidad de vivir eternamente sin disfrutar de nada.
Borges tomó el sueño más viejo de la humanidad, la vida eterna, y lo convirtió en una condena. Publicó el cuento en febrero de 1947 en Los Anales de Buenos Aires, con el título «Los inmortales», y dos años después lo incluyó en El Aleph como «El inmortal».
La paradoja es cruel: cuando disponemos de un tiempo infinito, nuestras experiencias pueden perder buena parte de su significado. Ya no existe la urgencia de hacer algo porque siempre tendremos otra oportunidad.
¿Qué ocurriría si pudiéramos vivir eternamente, pero perdiéramos la capacidad de sentir placer?
Cuando el placer deja de ser placentero
En 1971, Philip Brickman y Donald Campbell publicaron «Hedonic Relativism and Planning the Good Society», texto vinculado con lo que después se conocería como adaptación hedónica: tendemos a acostumbrarnos a casi todo lo que al principio nos hace felices.
Pasa con el perfume que dejamos de oler en nuestra propia piel, y con el amante que, a la centésima noche, ya no nos sorprende.
Supongamos que pudiéramos hacer realidad todas nuestras fantasías sexuales, conocer a cualquier amante y probar todos los placeres imaginables.
Y que tuviéramos una eternidad para hacerlo.
¿Llegaría un momento en que nada pudiera sorprendernos? ¿En que ninguna caricia, ningún beso y ningún orgasmo fueran capaces de despertar algo nuevo?
Nadie volvió de la eternidad para contarlo. Es el tipo de pregunta que solo la ficción puede contestar.
LA NOVELA«Prefiero pasar una sola noche contigo antes que toda mi vida lamentando no haberlo hecho.»Ver El regalo de la muerte →
Y todavía podemos llevarla un paso más allá.
Detrás de El regalo de la muerte
Cuando escribí El regalo de la muerte, quise imaginar una variante mucho más cruel de la inmortalidad.
Imaginé a una mujer que atraviesa los siglos sin poder experimentar las sensaciones que dan sentido a nuestra existencia.
No siente el sabor de una comida deliciosa, el calor de una caricia ni el placer de un encuentro sexual. Ni siquiera puede experimentar el dolor.
Su cuerpo continúa existiendo, pero perdió aquello que le permitía disfrutar de estar viva.
¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para recuperar, aunque fuera durante unos segundos, el placer de una caricia?
Quizás la peor condena no sea morir.
Quizás sea vivir eternamente sabiendo que nunca volveremos a disfrutar de nada.
El regalo de la muerte es una novela de fantasía oscura y erotismo que explora los límites del placer, la crueldad y el deseo de volver a sentir.
Karina Fernandez