La espera y el ritual: cómo se construye el deseo
En otra entrada de este blog decía que las fantasías casi nunca empiezan en el momento más intenso.
Empiezan en la espera, en una frase que deja algo suspendido, en saber que algo va a pasar, pero todavía no.
Ese “todavía no” puede ser más poderoso que el acontecimiento mismo.
La ansiedad elegida, la que vive en la imaginación, tiene una electricidad particular. El cuerpo se adelanta. La mente ensaya escenas. Cada minuto agrega peso.
Por eso el ritual importa tanto.
No hablo de grandes ceremonias. Puede ser una luz que se apaga, una puerta que se cierra, una prenda elegida con intención, una regla dicha en voz baja.
El ritual marca un borde. Dice: ahora entramos en otro lenguaje.
Sin ese borde, alguien termina riéndose en el momento equivocado.
El deseo necesita un acuerdo silencioso sobre qué historia se está contando.
No hay nada menos erótico que no saber en qué escena estamos. Pero no hay nada menos intenso que una fantasía guionada al extremo, donde no hay sorpresa y nuestra mente está atada a una simple línea.