Miedo y atracción: el experimento del puente colgante
El extraño vínculo entre el peligro, la excitación y las personas que aparecen cuando más las necesitamos.
En 1994, Keanu Reeves y Sandra Bullock protagonizaron Máxima velocidad, una película de acción que los reúne frente a una amenaza de bomba en un autobús.
Después de sobrevivir a persecuciones, explosiones y situaciones desesperadas, los protagonistas terminan besándose.
Pero antes de que aparezcan los títulos finales, Jack le advierte a Annie que las relaciones nacidas de experiencias extremas nunca funcionan.
Ella le responde: «Entonces tendremos que basarla en el sexo».
Detrás del chiste hay una pregunta seria: ¿podemos enamorarnos de alguien simplemente porque compartimos una experiencia aterradora?
El experimento del puente colgante
En 1974, los psicólogos Donald Dutton y Arthur Aron publicaron un experimento que se volvería célebre por su escenario: un puente colgante.
Un hombre cruza un puente colgante alto, que se balancea en el aire. En mitad del cruce lo aborda una entrevistadora atractiva, le pide que complete un cuestionario y le deja su número. Otros hombres viven lo mismo en un puente bajo y firme.
Los del puente inestable escribieron relatos con más contenido sexual y tendieron a llamarla más. Dutton y Aron sugirieron que la excitación física provocada por el miedo podía confundirse con atracción sexual.
Otros investigadores no siempre obtuvieron resultados semejantes, y el puente quedó más como una escena célebre que como una regla.
LA NOVELA«Hay algo en la forma en que sostiene mi mirada que me incomoda. No sé qué es.»Ver La séptima víctima →
Pero la pregunta sigue ahí: con las manos transpiradas y el corazón golpeando, ¿cuánto de lo que sentimos se lo atribuimos a la persona que tenemos enfrente?
Detrás de La séptima víctima
Me gustan las historias donde dos desconocidos deben enfrentarse juntos a una amenaza. El peligro puede generar una intimidad que, en circunstancias normales, tardaría meses en construirse.
Y cuando alguien nos protege en un momento de vulnerabilidad, la gratitud, la confianza y el deseo pueden comenzar a confundirse.
Con esa idea escribí La séptima víctima.
Sarah Miller, detective de Seattle, persigue a un asesino serial cuando, en plena operación policial, rescata por accidente a Laura, la joven que parecía destinada a ser su próxima víctima.
Mientras intenta protegerla, Sarah comienza a desarrollar sentimientos que complican cada vez más su trabajo.
Es el puente colgante convertido en novela, con una pregunta todavía más incómoda: ¿hasta qué punto podemos confiar en nuestras emociones cuando el miedo, el deseo y la realidad comienzan a mezclarse?
La séptima víctima es un thriller psicológico con erotismo, suspenso y una historia de amor donde nada es exactamente lo que parece.
Karina Fernandez