Vergüenza y deseo en la literatura erótica
La vergüenza tiene mala prensa: nadie la invita.
Y sin embargo, en literatura, puede ser un motor poderoso.
La vergüenza aparece justo donde lo íntimo queda expuesto: una mirada que descubre, una frase que se escapa, una puerta que se abre antes de tiempo.
En la vida real puede ser horrible. En la ficción, bien trabajada, es otra cosa.
Porque la vergüenza no habla solo del miedo al juicio. Habla también del deseo de ser visto.
Queremos escondernos y, al mismo tiempo, una parte nuestra quiere que alguien descubra lo que mantenemos bajo llave.
La literatura puede entrar ahí con mucha delicadeza, a veces con una escena mínima. El deseo no siempre llega seguro de sí mismo: muchas veces llega incómodo, mal parado, con la ropa a medio acomodar.